domingo, febrero 17, 2013

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El pasado día 4 de febrero, cuando se cumplían tres años de la muerte de Arantxa, mi suegro cumplía sesenta y cinco. Llega en plenitud de facultades, tanto físicas como mentales. Y hoy lo ha celebrado invitando a comer a su círculo de personas más allegadas.
La verdad es que no ha faltado de nada. Hemos comido lo que hemos querido y aún más, pero no ha sido la variedad y cantidad de excelentes viandas lo que me ha llamado la atención.
En un momento determinado me he fijado en la cara de ese hombre al que quiero con locura. He podido percibir una mezcla de orgullo y satisfacción por el trabajo bien hecho, por la vida bien llevada. No he podido evitar emocionarme. Mi padre no pasó de los sesenta y dos, no conoció nietos ni tampoco a miña lúa. El cáncer se lo llevó hace años. En el día de hoy mi corazón se ha llenado de un sentimiento muy especial hacia mi suegro, hacia este hombre que desde hace catorce años ha sabido llenar un hueco que dejó vacío el abuelo ranita.
Pepiño, gracias por haberme dejado ser partícipe de este momento. Y ojalá cumplas muchísimos más y podamos seguir celebrándolo contigo todos los que hoy hemos estado y alguna más que tiene que venir.................